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No existe el diagnóstico de “supervivencia funcional”

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  No existe el diagnóstico de  “ supervivencia funcional ” (pero sí la experiencia)   No, no vas a salir de una consulta con un papel que diga: Diagnóstico:   huida funcional mantenida . O:  congelación del sistema grado medio. O incluso:  lucha funcional de alto rendimiento . Pero eso no significa que no esté pasando algo. Seguimos haciendo, cuidando, trabajando y resolviendo. Pero no siempre nos  detenemos a notar desde dónde lo estamos haciendo . ¿Lo hacemos desde  un cuerpo que no ‘sabe’ descansar de verdad? Sí, desde un sistema nervioso que sigue en  modo defensa , aunque todo parezca estar “en orden”. A eso le vamos a llamar  supervivencia funcional . No es un diagnóstico. Y no es una enfermedad. Ni una etiqueta. Aunque nos gusten, las etiquetas quiero decir. Sino que es una adaptación: Una forma inteligente en la que el cuerpo dice: “No puedo parar ahora. Así que hago lo posible por seguir.” Y sigue. Pero con un coste. El problema...

Seres rumiantes

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    Seres rumiantes   Las vacas rumian.  Y nadie se alarma por eso. Comen. Se paran. Regurgitan. Vuelven a masticar. Y solo cuando el proceso se completa… tragan. Rumiar, en ellas, es la forma inteligente que tiene su cuerpo de digerir bien. Ahora míranos a nosotros. Le damos vueltas a una conversación. A un problema. A algo que pasó hace días… o años. Y vuelve. Y vuelve. Y vuelve. A eso lo llamamos   rumiación mental . Y solemos pensar que el problema es la mente. Pero… ¿y si no lo fuera? La mente rumia cuando algo no ha terminado de ‘digerirse’ . Y muchas veces no se digiere  porque el cuerpo no ha podido participar. Apunta bien la frase: Porque el cuerpo no ha podido participar. Como si intentáramos hacer la ‘digestión’ SOLO con la cabeza. A finales de los años 90, unos psicólogos hicieron un experimento muy simple. No pidieron a nadie que pensara menos. Ni que cambiara su diálogo interno. Nada de eso. Solo hicieron una cosa distinta. ¿Imaginas cuál...

Homo ‘tremulus’

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  Homo ‘tremulus’ La humildad NO como virtud, sino como un estado del sistema nervioso A finales del siglo XIX, los investigadores de la evolución tenían un problema: les faltaba un trozo en la historia. ¿Solución? Se inventaron el famoso “eslabón perdido”, un ser imaginario entre mono y humano que nunca apareció. Ni aparecerá. Normal: todavía no sabían que la evolución no es lineal. Eso lo descubrirían después. Hasta hoy, la ciencia más o menos coincide en esta secuencia: Homo habilis   (2,4 millones de años) El que fabricaba herramientas. Homo erectus   (1,9 millones de años) El que se puso de pie y elevó la mirada. Homo sapiens   (300.000 años) El que pensó, creó símbolos… y también preocupaciones. Así que el “eslabón perdido” les vino de maravilla: les ayudó a explicar lo que aún no podían entender. Perfecto. Vamos a hacer lo mismo. Si ellos imaginaron para entender, en nuestra imaginación TRE®, vamos a añadir  tres especies nuevas de “Homos”  para ente...